El termómetro marcó 38.4, el comienzo de lo peor. Momento de mierda. ¡Por favor! Simplemente, era un domingo más, hasta que todo sucedió. Una fiebre común. El termómetro oscilaba entre las temperaturas normales propias de una fiebre.
Sin embargo, los días pasaban y a eso se le sumaba una gran incomodidad propia de no poder presentarse a rendir los parciales, de no poder ir de un lado al otro, de no asistir al trabajo, de no ir al club, de no poder hacer lo que uno tanto desea. Esas actividades que forman parte de uno pero que cuando no lo puede hacer, siente en demasía esa falta, ese vacio que hay que llenar con algo.
A pesar de eso, las fluctuaciones de la tº cada vez se acercaban menos a 36 y más a la zona riesgosa. Los 40º llegaron y fueron un momento tremendo. La incomodidad de estar sumergido en un horno, de estar insolado, de tener la cabeza embotada, con mucho calor, no se solucionaba con nada, ni siquiera con baños de inmersión. Lo único rescatable es que que con los 40º, las fuerzas estaban casi intactas. Más días pasaron y al fin, la aguja se posó en 36 y monedas y no ha vuelto a subir.
Un momento de mierda como este no me había tocado pasar nunca, para nada recomendable. La única sugerencia que doy es tener mucho cuidado porque no sólo yo la pasé mal, sino mucha gente está igual o peor que yo, así que abriganse gente, porque que quizá dicen no me puede pasar nunca y después la están contando como yo.
Sin embargo, los días pasaban y a eso se le sumaba una gran incomodidad propia de no poder presentarse a rendir los parciales, de no poder ir de un lado al otro, de no asistir al trabajo, de no ir al club, de no poder hacer lo que uno tanto desea. Esas actividades que forman parte de uno pero que cuando no lo puede hacer, siente en demasía esa falta, ese vacio que hay que llenar con algo.
A pesar de eso, las fluctuaciones de la tº cada vez se acercaban menos a 36 y más a la zona riesgosa. Los 40º llegaron y fueron un momento tremendo. La incomodidad de estar sumergido en un horno, de estar insolado, de tener la cabeza embotada, con mucho calor, no se solucionaba con nada, ni siquiera con baños de inmersión. Lo único rescatable es que que con los 40º, las fuerzas estaban casi intactas. Más días pasaron y al fin, la aguja se posó en 36 y monedas y no ha vuelto a subir.
Un momento de mierda como este no me había tocado pasar nunca, para nada recomendable. La única sugerencia que doy es tener mucho cuidado porque no sólo yo la pasé mal, sino mucha gente está igual o peor que yo, así que abriganse gente, porque que quizá dicen no me puede pasar nunca y después la están contando como yo.


