martes, 15 de septiembre de 2009

Jaque al rey

“Estoy cansado de ser una promesa” dijo Delpo hace casi dos años. Allá por ese octubre del 2007, no muy lejano en el tiempo, pero donde las lesiones lo acechaban en su espalda y no le permitían jugar los torneos sin problemas. Los medios hablaban de esta torre que no podía despegar y el tandilense estaba pensando en un retiro.


Franco Davin, entrenador de Gastón Gaudio, cuando éste ganó Roland Garros en 2004, lo tomó al tandilense y le enderezó el rumbo. Davin es gran artífice de este Del Potro, hoy número cinco del mundo. Si bien Delpo es quien ejecuta dentro de la cancha, su banco le transmite una seguridad y JM está dentro de la cancha con una madurez propia de un jugador que está hace muchos años en el circuito y como si tuviera en el lomo, 20 finales de Grand Slam.


El tandilense tenía muchos atributos para estar ahí arriba. Los golpes como todos los tienen, pero repasemos. Su derecha es de las mejores del mundo junto con Fernando González y Andy Roddick, al pegar ese golpe arriba de la cintura, saca una gran diferencia respecto a los otros; su revés, su mejor golpe hace unos años, aún conserva esa solidez de siempre, pero su gran cambio fue su saque. Con su altura, era imposible no aprovecharlo para sacarle más jugo y poder como dijo Davin, “hacer dos aces por game” para obtener puntos gratis y salvar los breakpoints.


Llegaba a la final y nos preguntábamos como iba a responder. Primera final de Gran Slam, ¿podrá jugar suelto?, ¿tendrá la capacidad para no pensar en quién tiene enfrente?, ¿el juego de Roger lo seguirá incomodando como en los duelos previos? ¿Federer será una máquina y no le dará chances?. Todas esas preguntas comenzaron a responderse cuando comenzó el partido.


“El mal comienzo fue por los nervios. Iba a ser difícil entrar con tranquilidad en mi torneo favorito y con el mejor jugador de la historia” dijo Delpo. El primer set se le fue muy fácil 6-3, con un Federer comandando claramente, demostrando que el partido no sería para nada fácil. El suizo iba por su 16º GS y el sexto consecutivo en Flushing Meadows y parecía que iba encaminado a esa conquista.


El segundo set siguió con la misma tónica. Un Del Potro que no se encontraba con su juego, no estaba cómodo, más allá del juego de Federer, su propio patrón de juego no estaba pudiendo ser ejecutado. El sonido del impacto de su drive y revés no era claro, lo cual daba cuenta de que no estábamos viendo al verdadero Del Potro. Sin embargo, el tandilense se mantenía en partido con mucho amor propio y “vergüenza” (que se entienda bien), antes que con un juego que había apabullado a Nadal en semifinal.




Cambia el partido, una historia nueva


5-4 en el segundo set, dos derechas de JM, que termina quebrando y se pone en juego nuevamente. 5-5 y a otro partido.

“Creo que la clave fue cuando le quebré por primera vez. Estaba sintiendo que él ya no estaba tan seguro y me acordé de los errores de la semifinal de París. Sabía cual era la táctica para ganarle, pero arranqué mal. Sentí que el partido podía ser para cualquiera de los dos” afirmó Del Potro tras el partido. Ese momento se notó que terminó siendo el punto de partida, el verdadero comienzo de la final. JM empezó a jugar como lo venía haciendo. Vale destacar que Delpo es el jugador que tiene más partidos ganados tras perder el primer set, por lo tanto, no era ilógico que tardara en “enchufarse”, pero remontar el partido sería una tarea titánica.


JM llegó a un tiebreak donde mostró su clase y Federer cometió algunos errores. Se lo llevó por 7-5 tras una derecha invertida con mucho ángulo que dejó a Roger sin chances. “Cuando gané el segundo set pensé que si seguía así tendría una oportunidad”.


La tónica siguió siendo parecida a este final del segundo set. Sin embargo, el tercero fue de Roger, tras un quiebre de Delpo que no pudo mantener y parecía que “el tren se había ido”, daba la sensación que sería muy difícil darle vuelta el match al mejor de la historia. Sin embargo, JM siguió luchando, salvo muchos breakpoints, con mucha templanza y tranquilidad y alcanzó el tiebreak nuevamente. Lo ganó, apretó su puño y empezó a creer que esto podía ser realidad. Se lo notaba muy sólido, sin dificultades físicas (que padeció este año), dado sus partidos cortos en rondas previas.


Un quinto definiría todo. Ningún jugador había llevado a RF en el US Open a un último set en una final. En sus anteriores finales en Flushing, el suizo había despachado a Agassi, Roddick Hewitt, Djokovic y Murray y ninguno de ellos, tuvo la oportunidad de llevarlo a un quinto en el Artur Ashe.



Ese revés de Federer, que se fue largo, tras una derecha de Delpo, hizo posible ese deseo que JM tenía de chico. "Cumplí el sueño de mi vida: ganar este torneo y ni más ni menos que ante Roger”. Sin embargo, el tandilense ya encontró otro sueño para seguir luchando: “pero me falta cristalizar otro: parecerme a él" (haciendo referencia a RF).


La victoria por 3-6, 7-6 (7-5), 4-6, 7-6 (7-4) y 6-2, en cuatro horas y seis minutos, le permitió convertirse en el cuarto tenista de nuestro país en conquistar uno de los torneos más grandes, luego de Guillermo Vilas (2 Australia, 1 USOpen y Roland Garros), Gabriela Sabatini (1 USOpen) y Gastón Gaudio (1 Roland Garros).


La cuenta pendiente de ganarle a los grandes, cosa que se le pedía a un chico de 20 años que recién empezaba, la está cumpliendo. Se cargó a RF, a Rafael Nadal (las últimas tres veces en este año), a Murray (una vez, este año). De a poco, se está metiendo en el lote de los “cuatro fantásticos”, ¿serán cinco ahora? Alrededor de 600 puntos son los que separan a JM de Djokovic, muy pocos si se tiene en cuenta la diferencia que existía hace poco tiempo.


Quedará saber qué será de su futuro. Ganarle al suizo en su primera final de Gran Slam a su edad, da cuenta de que se le augura una buena carrera y unos años con muchos éxitos, si continúa con la profesionalidad con la que entrena, con la que planifica el año y con la humildad que lo caracteriza (sin embargo, desde este blog no queremos ser “mufa”, ya que lo mismo se decía de Coria, y su historia es conocida).


Bill Tilden, Rene Lacoste, Fred Perry, Donald Budge, Roy Emerson, Rod Laver, Arthur Ashe, Illie Nastase, Guillermo Vilas, Jimmy Connors, John Mc Enroe, Ivan Lendl, Mats Wilander, Stefan Edberg, Boris Becker, Andre Agassi, Pete Sampras, Patrick Rafter, Lleyton Hewitt y Roger Federer, están inscriptos en esa copa. Juan Martín Del Potro hoy es otro de ellos. Bien merecido lo tiene. La Torre de Tandil puso en jaque al rey.

Ya dejó de ser una promesa, hoy es una realidad.

¡Salud, campeón!

sábado, 12 de septiembre de 2009

Sin margen

El resultado era lógico, estaba cantado, sería al fin y al cabo una sucesión de hechos que, de no mediar ningún tipo de imprevisto, saltaría a la luz tarde o temprano.

La euforia que se demostraba de antemano en las calles y periódicos paraguayos, estaba bien justificada. El elenco local tenía la posibilidad de meterse en el Mundial de Sudáfrica, que fue lo que terminó sucediendo.

La derrota frente a Brasil había abierto un signo de interrogación en cuanto a la capacidad para plantear una estrategia, una táctica y un patrón de juego. La Argentina había quedado hundido en intentos individuales que decoraron un resultado, donde los cariocas fueron amplios dominadores de principio a fin con un estilo poco vistoso, pero muy eficaz.

Las pobres actuaciones individuales y colectivas del conjunto nacional, no sólo contra Brasil sino también cuando jugó contra Colombia (1-0, de local), Bolivia y Ecuador (1-6 y 0-2, ambos de visitante) habían sido reflejo de un conjunto que estaba perdido, sin brújula y que necesitaba de manera urgente trabajo (algo que los propios jugadores, entre ellos, Verón y Heinze, le sugirieron a Maradona, antes del partido contra los guaraníes).

En la noche del jueves, la Argentina, al igual que en los anteriores encuentros mencionados, fue puro desconcierto e imprecisión en el Defensores del Chaco. Paraguay le ganó merecidamente a Argentina 1 a 0.

Un resultado que quedó corto si no hubiese sido por la gran presentación que tuvo el arquero Sergio Romero, quien debutó en el conjunto nacional, tras la polémica salida de Mariano Andujar, a quien el cuerpo técnico nacional le achacó responsabilidades en los goles de Brasil. Esta actitud también levantó más malestar entre el plantel, como la salida de Nicolás Otamendi, quien ni fue al banco ayer, la titularidad de Sebastián Domínguez, en un partido crucial, sin experiencia previa, las supuestas lesiones de Lisandro López y Nicolás Burdisso, quienes no fueron suplentes y las posibilidades de Martín Palermo y Rolando Schiavi de formar parte del banco.

La defensa nacional se vio abrumada por la gran actuación que tuvo el delantero guaraní Salvador Cabañas, quien con su poca movilidad y su supuesto exceso de peso, se combinó de manera perfecta con Nelson H. Váldez. Luego de una jugada colectiva perfecta de cuatro toques, Paraguay alcanzó el único gol del partido de éste último delantero, quien remató de manera cruzada para el romper la seguridad que había mostrado Romero hasta el momento, quien había sacado dos pelotas de gol que posteriormente pegaron en el travesaño.

La cantidad de llegadas que tuvo Paraguay fue posible gracias a la pobrísima labor de Gabriel Heinze (el más resistido por el pueblo futbolero argentino) y Domínguez, en la zaga central, quienes mostraron una falta de entendimiento y brindaron espacios para que el conjunto guaraní se haga un festival.

Luego de un primer tiempo muy olvidable, la Argentina intentó moverse, generar espacios, dejar de tirar centros para Sergio Agüero. Sin embargo, a los ocho minutos, un pase de Mascherano (de mal partido) quedó corto y Verón bajó al rival paraguayo y se fue expulsado por un gesto al árbitro (de no coincidencia con el fallo cobrado) y todo se complicó. Si a la Argentina le costaba con 11 jugadores, con 10 fue más difícil.

A pesar de ello, Paraguay se tiró atrás dado que un empate no era mal resultado y casi que lo depositaba en la Copa del Mundo.

Maradona metió mano en el banco (ya había sacado a Dátolo por Lavezzi) e ingresó Palermo por Agüero. El delantero de Boca mostró muchas ganas, pero no tuvo tanta participación dado que no le tiraban centros. Una vez que Argentina tenía un 9, grandote, que molestaba a los centrales, especialista en cabecear, no intentaban meter un centro (¿casualidad o causalidad?).

El tiempo se fue esfumando y la Argentina nunca encontró el rumbo. Se pudo ver al mejor jugador de Europa y seguramente del mundo, Lionel Messi, desgano, sin motivación, como si no pudiera agarrar la pelota y generar movilidad, juego, rebeldía, esas características que el crack argentino muestra en el Barcelona (donde juega absolutamente diferente: tiene un equipo que lo sustenta detrás, le devuelve la pelota redonda, le generan espacios – los delanteros - y donde los rivales no están pendientes sólo en el rosarino, sino en marcar a los otros compañeros.

El manotazo de ahogado fue meter a Rolando Schiavi por Domínguez. El cambio no se entiende, sacar un central alto por otro de las mismas características, parece algo sin sentido (en todo caso, Zanetti o Papa, tenían todos los boletos para salir del campo).

Argentina terminó jugando a los centros a Palermo y a Schiavi, quienes tuvieron la única clara del conjunto nacional que casi lo empata y hubiera servido para tapar esta estrepitosa actuación que pone a la selección en situación de Repechaje (hoy jugaría contra Costa Rica).


Quedan dos fechas que se jugarán el próximo mes. Perú y Uruguay serán dos rivales de cuidado y a los que Argentina tendrá que ganarles sí o sí para ingresar al Mundial y esperar una ayuda de los rivales de Ecuador.

Un mes es el tiempo que separa a la Argentina de la Copa del Mundo o de un fracaso muy grande. El cuerpo técnico debe planificar, hacer estrategias, reaccionar, convocar a otros jugadores, darse cuenta que la Argentina puede quedarse fuera como en el Mundial 70’, lo que sería un golpe muy duro para nuestro fútbol, ver el Mundial por TV.