sábado, 12 de septiembre de 2009

Sin margen

El resultado era lógico, estaba cantado, sería al fin y al cabo una sucesión de hechos que, de no mediar ningún tipo de imprevisto, saltaría a la luz tarde o temprano.

La euforia que se demostraba de antemano en las calles y periódicos paraguayos, estaba bien justificada. El elenco local tenía la posibilidad de meterse en el Mundial de Sudáfrica, que fue lo que terminó sucediendo.

La derrota frente a Brasil había abierto un signo de interrogación en cuanto a la capacidad para plantear una estrategia, una táctica y un patrón de juego. La Argentina había quedado hundido en intentos individuales que decoraron un resultado, donde los cariocas fueron amplios dominadores de principio a fin con un estilo poco vistoso, pero muy eficaz.

Las pobres actuaciones individuales y colectivas del conjunto nacional, no sólo contra Brasil sino también cuando jugó contra Colombia (1-0, de local), Bolivia y Ecuador (1-6 y 0-2, ambos de visitante) habían sido reflejo de un conjunto que estaba perdido, sin brújula y que necesitaba de manera urgente trabajo (algo que los propios jugadores, entre ellos, Verón y Heinze, le sugirieron a Maradona, antes del partido contra los guaraníes).

En la noche del jueves, la Argentina, al igual que en los anteriores encuentros mencionados, fue puro desconcierto e imprecisión en el Defensores del Chaco. Paraguay le ganó merecidamente a Argentina 1 a 0.

Un resultado que quedó corto si no hubiese sido por la gran presentación que tuvo el arquero Sergio Romero, quien debutó en el conjunto nacional, tras la polémica salida de Mariano Andujar, a quien el cuerpo técnico nacional le achacó responsabilidades en los goles de Brasil. Esta actitud también levantó más malestar entre el plantel, como la salida de Nicolás Otamendi, quien ni fue al banco ayer, la titularidad de Sebastián Domínguez, en un partido crucial, sin experiencia previa, las supuestas lesiones de Lisandro López y Nicolás Burdisso, quienes no fueron suplentes y las posibilidades de Martín Palermo y Rolando Schiavi de formar parte del banco.

La defensa nacional se vio abrumada por la gran actuación que tuvo el delantero guaraní Salvador Cabañas, quien con su poca movilidad y su supuesto exceso de peso, se combinó de manera perfecta con Nelson H. Váldez. Luego de una jugada colectiva perfecta de cuatro toques, Paraguay alcanzó el único gol del partido de éste último delantero, quien remató de manera cruzada para el romper la seguridad que había mostrado Romero hasta el momento, quien había sacado dos pelotas de gol que posteriormente pegaron en el travesaño.

La cantidad de llegadas que tuvo Paraguay fue posible gracias a la pobrísima labor de Gabriel Heinze (el más resistido por el pueblo futbolero argentino) y Domínguez, en la zaga central, quienes mostraron una falta de entendimiento y brindaron espacios para que el conjunto guaraní se haga un festival.

Luego de un primer tiempo muy olvidable, la Argentina intentó moverse, generar espacios, dejar de tirar centros para Sergio Agüero. Sin embargo, a los ocho minutos, un pase de Mascherano (de mal partido) quedó corto y Verón bajó al rival paraguayo y se fue expulsado por un gesto al árbitro (de no coincidencia con el fallo cobrado) y todo se complicó. Si a la Argentina le costaba con 11 jugadores, con 10 fue más difícil.

A pesar de ello, Paraguay se tiró atrás dado que un empate no era mal resultado y casi que lo depositaba en la Copa del Mundo.

Maradona metió mano en el banco (ya había sacado a Dátolo por Lavezzi) e ingresó Palermo por Agüero. El delantero de Boca mostró muchas ganas, pero no tuvo tanta participación dado que no le tiraban centros. Una vez que Argentina tenía un 9, grandote, que molestaba a los centrales, especialista en cabecear, no intentaban meter un centro (¿casualidad o causalidad?).

El tiempo se fue esfumando y la Argentina nunca encontró el rumbo. Se pudo ver al mejor jugador de Europa y seguramente del mundo, Lionel Messi, desgano, sin motivación, como si no pudiera agarrar la pelota y generar movilidad, juego, rebeldía, esas características que el crack argentino muestra en el Barcelona (donde juega absolutamente diferente: tiene un equipo que lo sustenta detrás, le devuelve la pelota redonda, le generan espacios – los delanteros - y donde los rivales no están pendientes sólo en el rosarino, sino en marcar a los otros compañeros.

El manotazo de ahogado fue meter a Rolando Schiavi por Domínguez. El cambio no se entiende, sacar un central alto por otro de las mismas características, parece algo sin sentido (en todo caso, Zanetti o Papa, tenían todos los boletos para salir del campo).

Argentina terminó jugando a los centros a Palermo y a Schiavi, quienes tuvieron la única clara del conjunto nacional que casi lo empata y hubiera servido para tapar esta estrepitosa actuación que pone a la selección en situación de Repechaje (hoy jugaría contra Costa Rica).


Quedan dos fechas que se jugarán el próximo mes. Perú y Uruguay serán dos rivales de cuidado y a los que Argentina tendrá que ganarles sí o sí para ingresar al Mundial y esperar una ayuda de los rivales de Ecuador.

Un mes es el tiempo que separa a la Argentina de la Copa del Mundo o de un fracaso muy grande. El cuerpo técnico debe planificar, hacer estrategias, reaccionar, convocar a otros jugadores, darse cuenta que la Argentina puede quedarse fuera como en el Mundial 70’, lo que sería un golpe muy duro para nuestro fútbol, ver el Mundial por TV.

1 comentario:

  1. Te felicito Damián!! se ve que sabes demasiado sobre los temas y esta muy bueno tu blog!! te espera un gran futuro por delante!! mucha suerte porque la capacidad ya la tenes!! besos!! Yesi

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