miércoles, 8 de septiembre de 2010

Dadores de agua en medio del oasis

Domingo Faustino Sarmiento debe estar revolcándose en la tumba.

Él, el padre del aula, quien tanto luchó por la educación en nuestro país, si viviera no soportaría esta situación.

El conflicto entre estudiantes o “dirigentes estudiantes” como algunos medios de comunicación decidieron catalogarlos y el Ministerio de Educación porteño continúa agravándose día tras días.

Tras la propuesta del Gobierno de la Ciudad, los alumnos rechazaron el plan de obras en los colegios al considerarla “incompleta” ya que incluía parcialmente a 14 colegios. Además, los estudiantes aseguraron que “no hay plazos como así tampoco montos de ejecución de obras”.

Varias de las escuelas se caen a pedazos. Algunas están en mejor estado que otras, pero la pelea involucra a la gran mayoría. Techos y ventanas rotas como así también estufas que no funcionan para el invierno crudo que se sigue soportando, ventiladores de techo que tampoco dicen presente en primavera, cuando las temperaturas alcanzan cifras inimaginables, insectos y suciedad son el panorama desolador que encuentran algunos establecimientos.

El problema estructural es que no se discute el nivel público educativo que reciben los alumnos, donde los docentes cobran sueldos irrisorios y en respuesta a eso, algunos hacen mal su trabajo, sino que las condiciones dónde estudian, en algunos casos, son inadmisibles.

En la asunción del jefe de Gobierno, Mauricio Macri, en 2007 prometía inversión en obra pública, salud, transportes, educación y demás. Sin embargo, como pregonan los neoliberales como ex presidente de Boca Juniors, la educación no es prioridad en su mandato. Así lo demuestra el presupuesto asignado del 4% asignado para este sector fundamental de cualquier sociedad: la educación.

La toma genera posiciones encontradas. Por un lado, estudiantes que continúan firmes en su reclamo; mientras que otros la consideran arbitraria por limitar su derecho constitucional a recibir educación gratuita; asimismo, hay un tercer sector que se cansaron del conflicto y desean volver a clase lo más pronto posible.

Los famosos 180 días que, a pesar de que funcionarios digan que se recuperarán ya que se continuaran las clases en el verano, es una situación que sucede año a año y no se cumple. Los pocos días de clase utópicos, porque no se llegan a completar, son el número más bajo en relación con países como Francia, Holanda o Japón, donde se cumplen a rajatabla los 220 días. En parte, esto demuestra a las claras por qué estamos cómo estamos. “De tal palo, tal astilla”.

La lucha se extenderá una semana más, plazo en el cual padres y alumnos exigieron tener una respuesta y que se quite la pena a aquellos que están en la lucha.

¿Se llegará a una solución definitiva? Sabemos que la educación es un derecho fundamental de cualquier ciudadano, pero no a cualquier precio.

Sin embargo, habrá que encontrar un equilibrio entre esa protesta y sacar adelante esta situación. Aunque lo peor aún es que no hay una resolución a la vista.

Ah, y a una semana de “La Noche de los Lápices”, tengamos memoria.

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